viernes, 12 de noviembre de 2010
EL ÁSPERO CAMINO
EL ÁSPERO CAMINO
Raul Valdivia (Suecia)
Como es sabido, el Partido Comunista de Chile se apresta a celebrar su XXIV Congreso Nacional. De acuerdo a los Estatutos que norman la actividad de nuestro Partido, es en los Congresos donde se elabora el plan de nuestra linea política, hasta que otro Congreso corrija o modifique nuestra actividad.
El Partido siempre ha querido elaborar su política, dentro de un marco de consenso, que interprete o resuma las aspiraciones, los deseos más urgentes de nuestro pueblo, de nuestra Nación, incluso nuestra postura en el plano internacional, siempre soli-daria con los pueblos que luchan por romper el modelo neoliberal que se desea imponer “a sangre y fuego” en nuestro mundo.
Pero dentro de la actual etapa histórica, sabemos y señalamos que nuestra tarea fundamental, en Chile, es conseguir un “gobierno de nuevo tipo”. Para explicar cual es el alcance de esta expresión, gobierno de nuevo tipo, podemos decir que lo medular esta expuesto en el compromiso de 12 Puntos alcanzado entre el Juntos Podemos y la Concertación poco antes de la 2ª. vuelta presidencial, a fines del año recién pasado.
Pensar, o decir, que la materialización de este compromiso, es un áspero camino, es decir lo menos. A primera vista se puede pensar que, debido a todas las injusticias que sufre el pueblo chileno, sería muy fácil conseguir que las grandes mayorías apoyaran nuestra ideas, nuestro plan.
Pero las condiciones que se han dado, después de todos los gobiernos de la Concertación, han contribuido a fortalecer la estructura política de la derecha.
Para empezar, se excluyó al Partido Comunista de todas las gestiones realizadas para terminar con la dictadura militar y acceder a la democracia.
Nunca se consideró seriamente darle al país una nueva Constitución Política, ni eliminar el absurdo sistema binominal de elecciones.
Jamás se planteó desarrollar una política que permitiera cautelar nuestras riquezas naturales y mucho menos se quizo legislar sobre la protección de los trabajadores y su entorno social. El deterioro del sistema educacional y el menosprecio hacia nuestros pueblos aborígenes fueron incentivados.
Pero todo esto es poco aún, pues pese a nuestro claro empeño por desarrollar nuestro trabajo político “a la luz del día”, tenemos incrustada en nuestra sociedad una “quinta columna”, que ni siquiera la constituyen los conocidos agentes, bien pagados, del imperialismo. Son aquellos eternos disconformes, los resentidos, los envidiosos, los que sufren los terribles efectos de complejos de inferioridad, los que se sienten frustrados por esto o por lo otro. Estos son los que discrepan, deforman la verdad, difaman, tergiversan, interpretan a su modo el trabajo del Partido o de los militantes que se destacan, y hacen, por supuesto, un terrible mal: ayudan al enemigo.
Para terminar, permitanme recordar las palabras de nuestro compañero presidente Salvador Allende: “Tengo fé en Chile y su destino. Sigan Uds. sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas, por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”
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